A veces amaneces anestesiado y no lees las malas noticias en el diario o no escuchas la radio ni ves las imagénes de guerras absurdas en el televisor, a veces la anestesia es local: ves algunas cosas y para otras te quedas con los ojos vendados y los oidos sordos, otras tantas le abres la puerta al mundo real y sin anestesia te enfrentas a él, mientras la máquina de anestesia sigue al lado de la mesa de operaciones para cuando quieras hablar con la vida a corazón abierto...

jueves 24 de julio de 2008

Mis zapatos


Mis zapatos estaban cansados, los usaba todo el tiempo, y aunque las suelas no estaban hechas a medida, calaban perfectamente y soportaban el peso de mis pies, es cierto por eso me gustan tanto y me los pongo todo el tiempo así no me combinen del todo, porque nunca se ven del todo mal, y disfruto mi mundo entero sobre mis zapatos azul mar que dejan huellas impresas en el asfalto empapadas en olvido, y yo que solía ir caminando sin sentido, y amanecía de ganas de manejar sin rumbo, sabía que cuando amanecían esos días mis zapatos preferían haber nacido botas de formula uno, pero allí estaban aburridos, atontados, esperando impacientes. Mis zapatos con sus piedras de mentira, pues no necesitaban de diamantes, solo anhelaban aquellas cosas que el dinero no puede comprar, ni siquiera esa sensación de estar a un par de dedos los hacía feliz. Mis zapatos que bailaban, sordos de la música, la melodía del mundo en cambio, eran felices a ratos, y sentían envidia cuando los llevaba de paseo y veía a las parejas que caminaban tomadas de las manos (aunque mis manos sudorosas nunca se quejaron). Mis zapatos, zapatitos talla 9. Mis zapatos rebeldes, y alocados se enamoraron de los de él. Y yo no pude hacer nada, camine unos pasos y lo pise mientras mi boca atolondrada lo besaba. No podía hacer nada, aunque lo mirara detrás de mis gafas oscuras, mis manos no podían evitar tocarlo. Y mi boca desvelada seguía besándolo, y mis zapatos nerviosos se sonrojaron, ya no son azules, ahora son rojos. Y se empeñan en correr a donde están él y sus zapatos y me llevan caminando a pasos de gigantes. Mis zapatos tienen una vida, y buscan ser felices con otros zapatos, talla 42 creo que escuche decirles. Mis zapatos, zapatitos talla 9 están enamorados.