
¿Será que siempre he dado demasiado?
(¿y en el exceso siempre salgo dañada?)
A veces amaneces anestesiado y no lees las malas noticias en el diario o no escuchas la radio ni ves las imagénes de guerras absurdas en el televisor, a veces la anestesia es local: ves algunas cosas y para otras te quedas con los ojos vendados y los oidos sordos, otras tantas le abres la puerta al mundo real y sin anestesia te enfrentas a él, mientras la máquina de anestesia sigue al lado de la mesa de operaciones para cuando quieras hablar con la vida a corazón abierto...